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jueves, 10 de enero de 2013

Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ Mi divertido ascenso Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ


Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ Mi divertido ascenso Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ


-          Señorita Alvez, Venga a mi despacho, coja lo necesario para tomar anotaciones para una carta.
-          Si Señor Maxwell.
Oh Dios!! Oh Dios!! Mi nuevo Jefe me ha pedido que entre en su oficina, no sé como mirarle, entre su despacho y mi pequeña oficina hay un pasillo con una estantería empotrada que usamos de archivero. Cuando llego, después de presentarse y que yo volviera de almorzar me encontraba en el archivando los últimos informes, y me percate de que su puerta estaba entreabierta. Al acercarme note que se oían unos sonidos un tanto inquietantes, y al echar un vistazo lo pille follando con una rubia pechugona, la verdad es que al ver la escena no se por qué, no pude dejar de mirar, la escena pintaba muy erótica. El Señor Maxwell penetraba a la rubia por detrás mientras que con una mano la estimulaba el clítoris y con la otra magreaba uno de sus pechos.
Ver la cara de placer que ponía la rubia, me impresiono tanto que esa misma noche soñé con la misma escena pero con el cambio que en vez de la rubia, era yo la que sentía el placer del sexo con mi jefe. Me desperté tan excitada y tan mojada que tuve que jugar con mi cuerpo para liberar la tensión. Llevo más de un año sin pareja y mis carencias sexuales están a flor de piel. Por eso ahora después de esa pillada y ese sueño cada vez que veo al señor Maxwell, me ruborizo y me pongo nerviosa.
Mierda encima hoy, que vengo de casa de Ana y me tubo que prestar algo suyo para poder aparecer presentable en la oficina. Ana es mi mejor amiga, y cuando rompe con el chico de turno, toca noche de chupitos y confesiones. Su ropa me queda un tanto ajustada, pues yo soy un pelín más rellenita, y encima ella es muy sexy por eso siempre tiene camisas súper escotadas, y faldas cortas, lo único bueno que tiene es que siempre tiene modelitos de ropa interior sugerentes. Este que llevo es un conjunto de Passionatta, negro, copa acolchada, y ribeteada muy al estilo corsé. Los tirantes adornado con lacitos, es cómodo y envuelve mis pechos con mimo alzando mi talla cien.
Lo malo es que la parte de abajo, es un tanguita a juego, y llevar tanga al trabajo me es un poco incomodo, pero como ella me lo ha regalado sin estrenar no puedo quejarme. La blusa en combinación con el sujetador me hace un escote tan sugerente que cuando me vi en el espejo me sorprendí de mi aspecto,  el conjunto se completa con la faldita corta que marca mis curvas, y un cinto que abraza mi cintura para asentar la camiseta.
Bueno a ello, entro en la oficina de mi Jefe después de escuchar su “entre por favor” al golpear con los nudillos, me acerque a la mesa y me senté en una de las sillas que se encuentran delante de la misma. Me coloque las gafas de Secretaria Hot, y espere a que el señor Maxwell dictara los puntos a reflejar en la carta comercial.
-          Señorita Alvez,  tome nota.
-          Si Señor Maxwell.- No levanté la mirada en ningún momento, volvía a estar sonrojada, y una sensación de calor al recordar, ese tórrido momento tampoco ayudaba a calmarme. Suspire un tanto alto, para tranquilizarme.
-          Departamento de presidencia, a la atención de la nueva ayudante de dirección, y encargada de secretarias. Señorita Anabel Alvez.
-          ¡¡Joder!! ¡¡Oh Dios lo siento!! Pero…- me sobresalte nada mas oír mi nombre. Lo mire asombrada,  sin comprender que estaba pasando. Y me di cuenta el repaso que me estaba pegando mi Jefe.
-          Si señorita Alvez, estoy comunicándola que deja de ser una de mis secretarias inferiores para ocupar el puesto de mi ayudante de direccion. Aun sigo buscando a una y me he fijado en usted. Solo que hasta hoy mismo no me he decidido. Suele venir vestida de forma un tanto sosa, pero hoy se ha superado, y teniendo en cuenta su excelente currículum, es la candidata perfecta. – Mientras decía eso se levanto  y comenzó a caminar alrededor del despacho, no hacia más que mirarme y era como si quisiera desnudarme con la mirada. – Se que eres la indicada.
-          Muchas gracias por cifrar su confianza en mí. – note que posaba una mano en mi hombro. Rozando sutilmente el trozo de piel que mostraba la camisa de Ana.
-          Tengo que confesar también una cosa. Bueno más bien quiero hacerte confesar cierta cosa.
-          ¿Cómo?
-          Si se que el otro día me vistes.
-          ¿Qué?
-          Si, Anabel. Sé que te quedaste mirando cuando… tenía una reunión con Miranda.
-          Si una reunión, ahora se llama de esa forma. – su mano jugueteaba con el cuello de la camisa, rozando sutilmente mi escote, comencé a sentirme excitada, más que escandalizada o asustada. Cruce las piernas y mire a mi jefe por encima de mis gafas de Secretaria Hot. – Señor, ¿está intentando decirme algo?, su mano me pone un tanto nerviosa, y… bueno quizás sea mejor que saliera hacia mi mesa.
-          No tan rápido Anabel, ahora mismo tengo un pequeño problema, quiero que te levantes y cierres con llave la puerta.
Dicho esto me beso tan ardientemente que, aturdida, me dirigí a la puerta y la cerré como él me había dicho cuando me volví, el había seguido mis pasos arrinconándome contra la puerta mientras sus manos me acariciaban las caderas y la cara. Sus labios se juntaron pasionalmente con los míos, y mientras su lengua asaltaba el interior de mi boca la mano que tenía en mis caderas, bajo por mi pierna acariciándome, sutilmente volvió a subir por donde había bajado, llevándose consigo mi falda hasta la cadera, sus caricias y sus besos me enloquecían, mi respiración se aceleraba con las sensaciones, y cuando alzo mi pierna hacia su cadera con la otra mano me aparto el cabello para atacar a besos y a lametadas el cuello.
Su cadera se movía envistiéndome, haciéndome notar su polla dura justo en el centro de mi sexo,  provocando que se me humedeciera la zona de forma escandalosa. Sus manos prodigaban caricias enloquecedoras. Y sus besos recorrían un suave recorrido hasta mi escote.
Sin avisarme me alzo en volandas, y avanzó por su oficina hasta posarme encima de su mesa con manos diestras,  desabrocho los 5 botones de la camisa dejando  a la vista ese precioso sujetador que llevaba. Congio uno de mis pechos ente sus manos y lo amaso por encima del sujetador, enviando deliciosas sensaciones hasta el centro de mi ser. Concentrándose ahí donde el placer termina explotando.
Sin previo aviso, me soltó y se inclino para coger sus tijeras y con una mirada que sugería travesuras, corto el tirante de mi sujetador. Lo mire sorprendida y excitada y rápidamente vi como hacia exactamente lo mismo con el otro.  Se inclino para besar mi escote, dejando un rastro de placer y deseo, liberando mis pechos de la bella sujeción ataco con su boca mi pezón izquierdo, mientras que con la otra mano atormentaba el derecho con giros, con pellizcos.  Cuando  lo vio oportuno cambio su boca de pezón prodigándole los mismos placeres y descendió su mano libre hasta su bragueta, se la desabrocho y comenzó a acariciarse mientras tanto.
Yo gemía, me retorcía de placer entre sus brazos, mi excitación  estaba llegando a niveles insospechados y fue en aumento mientras dejaba mi pezón y descendía por mi desnudo vientre. Con mano diestra me desabrocho la falda y me la saco  dejándome medio desnuda ante él. Siguia prodigando sus besos y sus caricias, hasta que con la mano libre aparto mi tanga para comenzar a chupar mi sexo húmedo y excitado.
Mis gemidos se volvían más altos y mi cuerpo se estremecía de placer mientras su lengua me daba el mayor placer que había conocido. Se recreaba jugueteando con mi clítoris y cuando se cansaba con certeras envestidas penetraba mi dulce interior. Aumentaba el ritmo cuando mi cuerpo se lo decía, llevándolo a cotas que me obligaron a estallar  entre jadeos y convulsiones. Seguía degustando mi sexo tragándose mi placentera corrida.
Se enderezo, dejándome desvalida  entre los informes que aun no se habían caído.  Se sentó en su silla de ejecutivo y se saco una enorme polla dura y brillante,
-          Anabel ven. Me indico que me acercara,  y que me pusiera de rodillas, y ofreciéndomela me insto a que se la chupara. -  Dame placer, deja que te folle esa dulce boquita.
Si pensármelo dos veces se la agarre, y mientras se la agitaba la introduje en mi boca succionándola.  Note como sus caderas, bombeaban hacia mí,  me sujeto la cabeza para poder penetrar mi boca una y otra vez. Sentía como entraba y salía, como golpeaba la pared de mi garganta. Y sus gemidos de placer, lograron que me olvidara del incomodo suelo. Miro hacia abajo, con sus ojos azules  vidriosos por el placer, consiguió decir:
-          Muñeca mastúrbate mientras te follo de esta forma. Procura tu placer y vuélvete a correr  cuando yo me corra.
Dicho esto siguió embistiendo el interior de mi boca. Baje una de mis manos y comencé a frotar mi clítoris y a extender los fluidos que se iban segregando. Note como su polla  palpitaba anunciando su inminente liberación.  Y mi deseo se agolpaba  aun más y más,  y termine corriéndome segundos antes de que mi Jefe lo hiciera en el interior de mi boca, llenándomela.
-          No te lo tragues. – Me alzo y me beso, degustándose a sí mismo en el interior de mi boca.
 Con el brazo barrio la superficie de su mesa y me puso bocabajo mientras se masturbaba para mantener la erección. Me abrió un poco las piernas y comenzó a juguetear con sus dedos  mi humedad rajita, lubricándola, preparándola cuando vio que estaba a su gusto paso la punta de su polla y se  acoplo en la entrada, penetrándome con una dura envestida. Grite de placer, y me sujete a la mesa para afianzarme. Pues sus duras penetraciones me bamboleaban hacia delante
-          Nena yérguete un poco apoyándote en tus codos, quiero alzar tus caderas.
Gemía de placer, en cada envestida, mientras notaba como su mano bajaba por mi vientre y frotaba mi clítoris para estimularme más.
-          Joder nena gime así, me vuelves loco, eres una secretaria muy caliente, y gozas mucho mientras te follan.
-          Señor Maxwell siga por favor, ¡¡Oh si!! Oh!! mas… siga… si mas fuerte… más rápido… Voy a correrme
-          Hazlo preciosa córrete encima de mi mesa, si… sigue así bonita dame todo tu placer…me estas ordeñando con tu coño apretadito. Córrete.
Dos envestidas mas y note como mi interior estallaba en el placer absoluto, gritando, convulsionándome de placer. Note como seguía penetrándome hasta que segundos más tarde se corrió en mi interior,  dejándose  caer en mi exhausto.
Pasaron varios minutos hasta que nuestros cuerpos comenzaron a calmarse y saliendo de mi interior, se levanto. Se pasó un pañuelo para secarse la humedad y se la metió de nuevo en su pantalón.
-          Vístase Señorita Alvez, salga y  haga como si no ha pasado nada en esta oficina. Recoja sus cosas, y cámbiese a la oficina que hay aquí al lado.  Desde mañana venga así de sexy y preparada pues esta sesión de sexo se repetirá cada día.
Dicho eso, recogió los informes y comenzó a trabajar, con una maravillosa sonrisa en su cara. Me miro y me dijo
-          Preciosa, si no te vas, volveré a follarte, una y otra vez hasta que no puedas caminar…

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